Lucha por “TPS” pone los reflectores sobre empresas y trabajadores

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Por: elsoldemorazan el 9 enero, 2018

WASHINGTON— Noé Duarte, un “tepesiano” salvadoreño, trabaja como supervisor de seguridad en obras de construcción, recorriendo cloacas en la capital estadounidense junto con su escuadra, y también es contratista en proyectos de pintura. El fin del programa de “Estatus de Protección Temporal” (“TPS”) pondrá en aprietos a las empresas que dependen de estos inmigrantes.

Duarte, de 41 años, figura entre los cerca de 200,000 salvadoreños que ayer recibieron el ultimátum del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) al cancelar su “TPS”: o buscan una vía para legalizarse, o a partir del 9 de septiembre de 2019 tendrán que salir de EEUU, incluyendo a sus hijos nacidos en este país.

El esperado anuncio ha puesto los reflectores sobre las empresas que contratan a trabajadores amparados al “TPS”, y que jugarán un papel clave para que el Congreso apruebe una medida para legalizar a la comunidad de “tepesianos”, según dijo a este diario Jaime Contreras, vicepresidente del sindicato “32BJ SEIU”.

“No se pueden quedar con los brazos cruzados. La Cámara de Comercio de EEUU se ha declarado a favor de los del TPS… hay proyectos de construcción acá en el área de Washington, y en otras partes del país, que no se pueden levantar porque las empresas no encuentran trabajadores”, señaló.

La eliminación gradual del “TPS”, que ampara a más de 320,000 inmigrantes indocumentados, impactará en particular a Texas y Florida, que se apoyan en la mano de obra inmigrante para su reconstrucción tras los huracanes del año pasado.

“Desmantelar mi vida”
“Lo primero que pensé es que, al desmantelar el TPS, nos obligarán a desmantelar nuestras vidas en este país. Sin ese permiso, ¿Cómo y dónde vamos a trabajar? ¿De dónde saldrá el dinero para la renta, los cobros, los carros, la comida, o la manutención de mis hijas?”, afirmó Duarte.

Su trabajo de día para una importante empresa de construcción nacional –que no quiso revelar por motivos de seguridad-, es su escudo contra la pobreza.

Duarte trabaja haciendo inspecciones en parte del alcantarillado de Washington D.C, asegurando que los empleados utilicen cascos, lentes, chalecos, zapatos y uniformes especiales para evitar contaminación o infecciones, en cumplimiento con los requisitos federales.

Entre febrero y marzo próximos, la empresa, en la que el 80% de los trabajadores es de origen latino, iniciará las siguientes fases de un proyecto de procesamiento de aguas negras que, según Duarte, no podría completar sin los latinos.

“Entro a las alcantarillas con los equipos de trabajo, y allí encontramos condones usados, compresas, suciedad, un hedor vomitivo… el blanco no quiere hacer esos trabajos, porque dice que son peligrosos y asquerosos. El hispano viene de países donde se pasa hambre, necesidades, y no reniega para hacerlos”, aseguró Duarte, quien lleva 15 años en el sector de construcción.

Duarte también estableció su propia empresa como contratista independiente, “N&D Contractors”, haciendo trabajos de pintura en las tardes para suplementar su salario.

Empresarios son clave para futuro de “tepesianos”

La decisión del DHS, calificada como despiadada por la mayoría de sus detractores y celebrada por grupos anti-inmigrantes, afectará a empresas que dependen de la mano de obra de los “tepesianos”, particularmente los sectores de construcción, restaurantes y servicios, jardinería, guarderías, y supermercados, entre otros.

Se prevé que el empresariado, de la mano de la Cámara de Comercio de EEUU, la “Coalición para la Inmigración de Trabajadores Esenciales” (EWIC) y otros grupos, renueven su llamado a que el Congreso apruebe una medida que ayude a los inmigrantes y a los negocios.

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